De amarillo, como el Villarreal, juega también el protagonista de la semana, que sin duda alguna responde al nombre de Alcorcón. Porque menuda la que armó este martes el modesto equipo madrileño en su encuentro con el todopoderoso, galáctico y chiripitifláutico equipo de Florentino Pérez. El mismo Alcorcón que se hincó hace 32 años ante el ya desaparecido Toscal, en la carrera triunfal de los blanquinegros en pos del Campeonato de España de Aficionados, que acabaron por ganar frente al Almansa albaceteño. El típico modesto que cada año adquiere un papel protagonista en la competición más antigua del fútbol español.

Al margen del toque anecdótico que deja este tipo de circunstancia, igual que sucediera el curso pasado con el Real Unión irundarra o mucho antes con el Numancia, antes de que los de Soria acabaran por aterrizar en Primera, la goleada del Alcorcón favorece otras lecturas. Igual que los apuros del Sevilla y Valencia o las derrotas del Racing, Almería, Athlétic y Tenerife. Interpretaciones que pudieran valernos para ensalzar el valor de los pequeños capaces de poner en aprietos a los grandes. Deporte en estado puro si no fuera porque la letra chica de tales lecturas sirve para ahondar en otra realidad.

El análisis de lo ocurrido en Vigo, en lo que toca al Tenerife, lo plasmaba perfectamente Juanjo Ramos en su crónica del partido en estas mismas páginas. Tiene que ver a las claras con el modelo de una competición cada vez más secundaria para sus protagonistas, sobre todo para los de Primera. La Copa ha acabado por transformarse en un problema para los grandes, dentro de un calendario en el que ya no caben más compromisos, con competiciones continentales que se alargan en su desarrollo y frecuentes apariciones de las selecciones nacionales. El torneo del Ko, como se le dio en llamar, pone en vilo a los entrenadores de Primera, aterrados ante la posibilidad de que sus futbolistas titulares sufran una lesión que acabe por romper sus esquemas ligueros.

De nada vale que los técnicos, como es el caso de José Luis Oltra, traten de motivar a sus suplentes con el caramelo de la oportunidad de reivindicarse, al tiempo que niegan la evidencia de su antipatía por la competición. Resulta imposible que al darle la vuelta al calcetín, cambiando de un día para otro el once inicial, todo se mantenga en su lugar. Falla la conjunción, surgen las disonancias y afloran las carencias de quienes por algo no se visten cada domingo con los titulares.

Por todo eso digo que la Copa se ha convertido en un verdadero problema, sólo solventado con la pronta eliminación, mientras se devalúa más y más, año tras año, camino de transformarse en el copetín.

Publicado el domingo 1 de noviembre de 2009 en el periódico "El Día"