Pepe Juncosa fue uno de los futbolistas legendarios del Atleti. Formó parte de sus delanteras "de Seda" y "de Cristal". Con Vidal, Silva, Campos y Escudero, en la primera, y junto a Ben Barek, Pérez Payá, Carlsson y Escudero, en la segunda. Seguro que los aficionados más veteranos lo recuerdan con precisión, entre otros motivos porque los rojiblancos de la posguerra rezumaban canariedad por los cuatro costados. De hecho, llegó al Metropolitano, desde el Español, a consecuencia de un trueque con el palmero Rosendo Hernández.

Era Juncosa uno de esos jugadores listos, que escondía la pelota en sus regates y marcaba goles con astucia. Espléndido con la grada, basaba su concepción del fútbol en el espectáculo. De modo que cuando colgó las botas y se convirtió en entrenador, trató de prolongarla como enseñanza a sus discípulos. Un ejemplo lo tenemos en el caso del Córdoba de 1957, plagado de figuras y construido a golpe de talonario para ascender a Primera, aunque la apuesta no terminase de fraguar. De hecho, cuando salió goleado del Estadio, en una tarde inconmensurable de los blanquiazules, a Juncosa le reprocharon su alegría en la táctica. Al mes siguiente lo pusieron en la calle y Roque Olsen, que era el "crack" del equipo, tomó el relevo y se convirtió en jugador-entrenador.

El oficio de preparador tiene esas cosas. Los hay reservones, cicateros en el despliegue de sus futbolistas, para despistar las derrotas, y los hay más valientes, convencidos de que las victorias se alcanzan mejor desde el desprendimiento. El método de Cruyff, basado en la posesión del balón, vuelve a estar en boga. El regreso de Guardiola a la Primera, en funciones de entrenador, ha devuelto esmero a la pizarra de los vestuarios. Adiós a la tacañería.

Buena parte del éxito del Tenerife de Oltra se relaciona con lo apuntado. Con el mérito añadido de su aplicación en una categoría de urgencias. Salvadas las diferencias entre Primera y Segunda, dos mundos, los 52 puntos que amasa ya el equipo blanquiazul están ligados íntimamente a un plan que se basa en la posesión, en consumir más minutos de partido con la propiedad del balón. En la erradicación del pelotazo, que tantos bostezos arrancó al Heliodoro.

Por eso está donde está el Tenerife. Por eso Oltra se ha convertido en un entrenador tan observado como codiciado por otros clubes. Por más que él no quiera hablar en público de su futuro. Apuesta por no despistar la atención colectiva. Y eso es cordura.