Faltba el gran Alfonso Silva. Tampoco estaba la "La perla negra", Ben Barek. Ni la "defensa de cemento", el trío formado por Riera, Aparicio y Lozano, ni los delanteros Mujica y Escudero. Era una jornada de parón liguero porque jugaban las selecciones. Pero ninguna ausencia deslució la presentación del Hespérides en el Metropolitano. De hecho, la concurrencia al ya desaparecido estadio fue considerable. Por más que se tratase de un conjunto de categoría regional, cuando Canarias todavía estaba fuera del circuito español, había interés por ver al histórico lagunero.
 
Ahora que repasamos los orígenes del Tenerife, sumergidos en las raíces del balompié isleño, paralelas con el inicio del siglo XX, merece la pena dedicar la atención, asimismo, a lo sucedido en la ciudad de los Adelantados. A los primeros encuentros en el campo de la plaza de San Francisco, pegadito al Cristo. A equipos como el Patria -también llamado el Club de los Ascanio- y el Sporting, antecesores del Hespérides, cuyas primeras referencias se sitúan entre 1912 y 1915. A jugadores señeros como Francisco Peraza y Victoriano Ríos.

Son nombres que forman parte de la primera etapa del fútbol en La Laguna, que transcurre en medio de una continua rivalidad, agria y hasta violenta por momentos, con los equipos de Santa Cruz. Especialmente con el Tenerife. Encadenada con otra de crisis diversas hasta una tercera, tras la posguerra, de puro esplendor. Porque la de los cuarenta fue la década del Hespérides. Con la inauguración del estadio de La Manzanilla, dotado de césped y dos amplios graderíos, donde se ubicaban miles de seguidores. Y con las tres ligas consecutivas, entre 1947 y 1949, que le llevaron a Madrid.

Los episodios posteriores, primero con el "equipo único" y después con la Unión Deportiva y el ascenso a Segunda del Tenerife, marcaron el declive de la regia institución. No hubo forma de levantar cabeza. El Hespérides se convirtió en historia. Tomó cuerpo el Estrella, que también escribió episodios importantes, pero no fue lo mismo. Queda ahora el Laguna pero falta la afición. No aparece por ningún lado. De cuando en cuando, flotan por la Vega cenizas de aquella gloria desaparecida, en forma de testimonio oral de quienes, como mi padre, disfrutaron viendo jugar a Cándido, Durán, Florencio, Anita, Agustinada...