De haber contado con los tres puntos perdidos por el "caso Jordi", la victoria sobre el Elche hubiese situado al Tenerife, en marzo de 2000, a uno sólo del líder Salamanca. Luego fue incapaz de ganar en las doce jornadas siguientes, pese a recuperar el precio de la sanción.
Cristian Díaz cometió falta sobre Pier dentro del área ilicitana. Undiano Mallenco acertó en la señalización del penalty pero erró en la identificación del autor: entendió que había sido Redondo y no el defensor argentino. Expulsó al medio sevillano. Cuando éste acabó de irse hacia el vestuario, Hugo Morales ya tenía decidido dónde colocar la pelota. Tomó carrerilla, disparó raso y la puso a la derecha del guardameta Iñaki. Iban 23 minutos de partido y el Tenerife cimentaba su cuarto triunfo consecutivo. Pasó apuros, sobre todo en el segundo tiempo, pero aguantó.
Sucedió esto en la tarde del sábado de Piñata de 2000, en plena jornada de reflexión ante los comicios generales que supusieron la reelección de Aznar al frente del Gobierno español. El timón tinerfeñista lo llevaba Fernando Castro Santos, quien cumplía 22 partidos, una rueda completa desde que asumiera el cargo en sustitución de Mauro Sandreani, a quien se le había encomendado devolver al equipo a Primera.
De no haber sido por los tres puntos que el comité de competición de la Federación Española le había quitado en enero, a resultas de la alineación de Jordi en Leganés, donde los blanquiazules golearon (0-4), el Tenerife sería segundo al cierre de aquella jornada trigésima. Preguntado por la racha exitosa de su equipo, Castro avisó: "Un traspiés puede llegar en cualquier momento, por lo que debemos buscar un colchón de seguridad".
El empate en Villarreal, a la semana siguiente, no se contempló como traspiés. Pero sí el siguiente, en casa con el Levante. Y otro más, en Almendralejo. No había manera de ganar y olía a crisis. De poco valieron los puntos del "caso Jordi", devueltos el 14 de abril por Disciplina Deportiva, que situaron cuarto al Tenerife -ahora de verdad-, a uno de los primeros, Extremadura y Las Palmas.
La ansiedad arrasó con todo. A los diez días, el entrenador fue cesado, tras un pírrico empate en casa del colista Toledo. La llegada de Ángel Cappa, que estaba a la espera, no sirvió de nada. Doce semanas después de la victoria sobre el Elche, que dio aquel segundo puesto "invisible", el Tenerife acabó la Liga en el puesto decimocuarto. Con sólo seis puntos de los 36 disputados no se podía aspirar a más.
Héroe al año siguiente
El día después de su gol contra el Elche, tercero que marcaba desde el debut en Las Palmas, el 21 de agosto de 1999, Hugo Alberto Morales (Buenos Aires, 1974) confesaba ser feliz aquí, "donde se me ha acogido de forma maravillosa", dijo. Atrás quedaba la convalecencia de una delicada peritonitis en Lanús, donde llegó procedente del Huracán y contribuyó a la conquista de la Copa Conmebol. Plata olímpica en los Juegos de Atlanta, fue adquirido por el Tenerife cuando estaba por hacerlo el River Plate. Al año siguiente de su presentación adquirió condición de héroe: su gol en Leganés, el 16 de junio de 2001, propició el tercer ascenso a Primera. Alcanzó 86 alineaciones como blanquiazul, las 19 últimas en Primera. Luego jugó otra vez en Lanús, para continuar en Argentina un año más, en el Independiente, y completar su carrera en Colombia (Atlético Nacional y Millonarios) y Chile (Universidad Católica).
Reportaje publicado en el periódico El Día (15 de febrero de 2009)

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