El delantero Javier emigró a Albacete en busca de las oportunidades que le negaba el Tenerife. Brillaba en tierras manchegas cuando fue “cazado” en La Roda por un defensa local. Una rotura de ligamentos segó su trayectoria deportiva y tuvo que retirarse con sólo 24 años.

Los aficionados de La Guancha disfrutaban en 1960 con los triunfos del Realejos como si fueran los del equipo de su pueblo. La presencia en el cuadro celeste de tres paisanos (Javier, Teodoro y Juan José) hacía que se desplazaran allí donde jugara y proclamaran con satisfacción que aquellos tres futbolistas eran hijos de la modesta localidad norteña. El cuadro de La Fortaleza realizó una campaña inolvidable -acumuló catorce jornadas invicto- y uno de los integrantes del trío guanchero, Javier, se alzó con el título de máximo realizador del campeonato. notó treinta y cuatro goles.

Sólo un año antes, el fornido ariete había formado parte de uno de los mejores equipos del Real Unión que se recuerda, con Santos, José Juan o Santi entre otros destacados integrantes, ganador de la Copa Heliodoro Rodríguez y subcampeón de Canarias. No obstante, las discrepancias económicas del delantero con la directiva impidieron que continuara en el equipo de El Cabo. Regresó a la zona norte y fichó por el Realejos, donde permaneció durante dos cursos, aunque la realización del servicio militar durante el segundo quebró su regularidad.

Con la llegada de Eduardo Toba al banquillo del Tenerife, recién descendido de Primera, se abrió una etapa propicia para la cantera. La situación financiera de la entidad obligaba a la rigidez en el gasto y se optó por jugadores nativos, entre ellos Javier López Garisoain (La Guancha, 1941), quien vino a debutar en la competición liguera el 9 de diciembre de 1962, en el Estadio de La Victoria, en un Jaén-Tenerife que acabó sin goles.

Ocho días más tarde, en su presentación en el Rodríguez López, la actuación de Javier sirvió para consolidarlo como titular. Frente al Eldense, marcó tres de los cinco goles de su equipo. “Busca el gol con codicia, va al choque sin arrugarse y sin malos modos y ya tiene la suficiente serenidad para ceder la pelota al compañero que ve en mejor situación”, escribió sobre su debut Julio Fernández en las páginas del semanario Aire Libre.

Con cinco goles más, Javier acabó el curso como máximo realizador del Tenerife. Sin embargo, dejó de contar en las alineaciones a partir de la temporada siguiente. Paco Campos, el nuevo entrenador, destinó el “nueve” a José Juan. De manera que Javier se planteó su futuro fuera de la Isla. Recibió ofertas del Canarias venezolano, Betis y Langreo, pero acabó por fichar en el Albacete, que quería ascender de Tercera a Segunda.

En la capital manchega recuperó el tono, dentro de un equipo que se salía. El Hércules y el Elche estaban tras sus pasos cuando llegó el desplazamiento a la pequeña localidad de La Roda, donde fue cazado por un defensa. Sufrió una rotura de ligamentos que terminó por provocar su retirada, con sólo 24 años de edad, después de pasar varias veces por el quirófano.

Gusto por el Heliodoro

Al Albacete le sienta bien el estadio tinerfeñista, donde puntuó en siete de las doce ocasiones que lo visitó, la última en junio de 2006, durante un partido trivial para ambos, del que apenas quedó la noticia del estreno goleador de Tomi Correa. De esas siete veces, dos fueron triunfos, en 1991 y 1995. El primero de ellos dejó otro nombre propio, en este caso el del árbitro, Abilio Caetano Bueno, quien protagonizó una actuación bochornosa y pasó a la historia por expulsar a cuatro jugadores del Tenerife: Hierro, Toño, Torrecilla y Dertycia. Cuatro años antes, en el desaparecido Sarriá, había establecido su mejor marca: llegó a echar a cinco futbolistas del Mallorca.

Reportaje publicado en el periódico El Día (27 de abril de 2008)